domingo, 16 de diciembre de 2012

El corazón roto

Chicas

Hoy descubrí una de esas sensaciones que siempre me intrigaron, pero sabía que era mejor no conocer.

Es como Papa Noel: sospechás que hay algo que no conoces, pero que es mejor no saber.

Por primera vez, supe lo que es tener el corazón roto. Entendí de que se trata y por qué ese nombre.

Es una sensación espantosa en el pecho, como que algo no está funcionando bien. Una angustia que te ocupa todo el pecho, que no habías sentido nunca, y que te va sacando el aire de a poquito. Podés respirar, pero no se siente bien. Duele.

A todo esto, de a poco vas entendiendo que es lo que te pasa: algo te afectó mucho. Racionalmente, entendés que no estás enferma. Pero duele. Duele y duele y no hay forma de que pare esa opresión en el pecho.

A la vez, hay algo en tu interior que te da ganas de llorar. No un llanto femenino y delicado. Un llanto de lobo aullando a la luna. Ese llanto-grito que te saca el dolor. Pero no podés vocalizarlo.

Y de a poco, sentís que te quebrás. Se quiebra algo adentro, se quiebra como vidrio.

Cuando pasa, queda un dolor sordo en el pecho.

Con razón le dedican tantas películas: un evento así es algo memorable.

martes, 4 de diciembre de 2012

unaDeTodas - El Viejito Lindo Parte III

Chicas

Perdón la demora, días medio tristes, las cosas están complicadas en el presente, mejor no revolver el pasado.

¿Dónde estábamos? Ah, si, en que me dijo de hacer algo. Y veremos.

Llegué a casa y me llama Juan, a decirme de todo. Lo dejé hablar un rato y cuando terminó le pregunté:
- ¿Terminaste?
- Si, pero...
- Chau - y corté. Nunca fui de histeriquear, pero no estaba de humor para su pseudoamor telefónico. No loco, no funciona así. Me encanta mi celular, pero ¿tener una relación con él? Paso.

Me fui a dormir, enojada con Juan y enternecida por el viejito. Re buena onda, divertido, pero había demostrado que podía ser tierno y tener onda. Me gustó.

Día siguiente, lunes. Mientras me ponía la pollera del uniforme me sentí una nena. Me reía sola por lo bajo, pasé de peleadora el domingo a estudiante responsable el lunes.

El día pasó sin muchos eventos trascendentes, algún que otro mensaje de Juan, que eran cosa cotidiana, pero no le dí bola. No estaba de humor.

Llegué a casa y tenía una nueva solicitud de messenger. Si, messenger. Que vieja que soy. Obviamente: el viejito lindo. Lo agregué y, como estaba en el trabajo, estaba conectado. Nos reímos mucho, siempre con esas peleítas ácidas.

Así pasaron lunes, martes. El miércoles no, porque es su día libre. Jueves y viernes, al igual que los primeros días de la semana, con charlas eternas, interrumpidas de a ratos por su trabajo y mi estudio.

El sábado yo estuve libre, adelantando entregas, con la compañía del muchacho, que también trabajaba los fines de semana.

El domingo, salía antes del trabajo, me dijo de ir a charlar un rato.

Fuimos a la Plaza Virgilio. Él llevó su inseparable mate, yo un tupper de brownies. Tomé dos mates y me sentía hiperactiva, ya que nunca tomo. Encima yerba Canarias... Al borde de los temblores.

Al lado nuestro, dos muchachos con guitarras y cantando. Cantaban muy lindo, y nosotros los aplaudíamos cada tanto. Mientras caía el sol y el cielo cambiaba de colores y nosotros seguíamos hablando.

Cayeron unas gotas, así que entramos al auto y seguimos charlando. ¿Opinión personal? Eviten los espacios cerrados y/o demasiado privados. Generan una corriente... diferente. Me agarraba la mano, me hacía mimos... Y cuando me abrazó, le pedí por favor que no me diera un beso. Y se comportó.

Sin embargo, el problema era yo. Con cero experiencia, no sabía que existen ciertas cosas que afectan a los hombres. Por ejemplo, los mimos en los brazos. Las miradas fijas y largas a los ojos. Morderse los labios. Cosas que yo creía inocentes y que hacía, un poco de nerviosa, un poco de no saber que hacer, pero que poco a poco lo fueron afectando.

Me tomaba el pelo, deseando que llegara mi cumpleaños, ya que le mataba que fuera menor. Lo miré, seca, y le dije:
- Mirá que de un día para el otro no voy a madurar, ni voy a cambiar lo que opino.
- No es por eso. Pero sos MENOR. ¡Imaginate la cara de mi madre!
- Pff, imaginate la de mi padre - retruqué yo.

Me dejó en casa de noche, más confundidos que antes.

sábado, 1 de diciembre de 2012

unaDeTodas - El Viejito Lindo Parte II

Chicas

Hay dos frases que siempre me acuerdo con este cuento. La primera es que "no hay fuerza más fuerte que una mujer despechada". Se la quería cobrar a Juan. La segunda, "no calientes lo que no te vas a comer".

Obvio que no les hice caso.

Llegué y el viejito con una sonrisa de oreja a oreja. La cara de Juan era un poema. Pasó por varios colores, desde rojo de rabia hasta violeta de "te parto la cara". Fui saltando hasta el viejito y le dije: "¿Qué comemos?", con una sonrisa dulce. Ahí Juan explotó, media vuelta y se fue. Y yo riendome por lo bajo.

El viejito, que de bobo no tiene un pelo, me dijo de ir a comer algo, pero ya estaba el almuerzo organizado ahí.

Al rato, vino una ex de él. Me pareció una de esas mujeres que los hombres adoran y las mujeres odiamos. Demasiado producida para una chica tan joven, y con esa cara de desprecio que los hombres no parecen ver. ¿Saben de lo que estoy hablando? Esas chicas producidas, que los hombres encuentran divinas y que las mujeres les vemos cara de yeguas.

Decidí alejarme, porque cuando llegó, la muchacha me miró con un desprecio tan grande que me desagradó.

Mientras su ex recibía mucha atención, el viejito vino a charlar conmigo, que estaba entretenida limpiando y atendiendo gente. Me dijo:
- Me encantan las mujeres laburadoras, que no tienen miedo a romperse una uña.
- No parece - le dije, indicando con mi cabeza a su ex.
- Es buena, a pesar del aspecto de...
- Entendí. Dale bola che
- Prefiero darte bola a vos, ¿no puedo?

Cuando la chica se fue, nos pusimos a bajar cajas de una despensa, y el viejito se lastimó un hombro. Salimos al sol y empecé a tratar de masajearlo para que le pasara el dolor.
- Linda, ácida, masajes... ¿De dónde te sacaron a vos?
- Edición limitada querido.
- Che, ¡yo también quiero masajes! - gritó uno que llegaba.
- Bueno, correte miijo - dije, echando al viejito de la silla.

Llegó Juan al rato y me encontró rodeada de hombres, charlando y riéndome, mientras el viejito no se iba de mi lado. No dió bola y se puso a charlar con unos en la puerta.

Al caer la noche, el viejito y yo ya éramos amigos. Juan me vino a hablar, a decirme que no le parecía bien, que era muy mayor.
- ¿Perdón? Es solo dos años mayor que vos Juan.
- No es lo mismo 8 años que 10.
- No es lo mismo alguien que me ignora, que alguien que me da bola.
- ¿Te da bola?
- Más que vos seguro - y me fui a charlar con un señor mayor que acababa de llegar.

A eso de las 12, llegó la hora de irnos, y había decidido irme con Juan, tratar de hablar. Le dije:
- ¿Me llevás?
- Creo que hay otra persona que le gustaría tener el placer de tu compañía - me respondió, seco.
- ¿Y si prefiero la tuya?
- No me armes lio.
- ¿Sabés que? Tirate a un pozo, hijo de tu madre. - media vuelta y enfilé para el viejito.

En el auto, iba al borde de un ataque de nervios. En el auto con un desconocido al cual había estado peleando y buscando toda la tarde. Inteligente la gurisa.

El loco se había convertido del peleador de todo el día a un loco dulce. Me preguntó si quería salir con él. Le dije que no lo conocía. Me respondió que ese es el motivo por el que la gente sale, para conocerse. Al llegar a casa, me preguntó:
- ¿Si o no?
Abrí la puerta del auto. Me bajé. Antes de cerrar la puerta le dije:
- Capaz, si tenés suerte.
Quedó con los ojos abiertos de par en par, con una sonrisa boba.

Y yo, un poco, también.

viernes, 30 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El Viejito Lindo Parte I

Chicas

Les presento al viejito lindo. Nos conocimos en un evento medio especial. Un día en el que teníamos que estar varias personas en una misma casa haciendo base, mientras los demás salían a hacer cosas (no puedo dar detalles). Yo no manejaba (tenía 17) y él estaba sin auto, así que nos tocó hacer base juntos. Pero bueno, voy a arrancar por el principio.

Mayo 2010. Calor. Mucho calor. Tenía ese evento, un día medio especial en el que iba a estar todo un día en una casa. Iba a ver por primera vez en muchos días a Juan. Juan es un chico con el que había onda y habíamos salido un par de veces y (en mi mente) las cosas venían bien.

Obvio que me vestí linda, pero que no pareciera que me estaba esforzando demasiado.

Les cuento un poco de como era yo en ese entonces (cambié un poco).

Era alta, 1.73, flaquita, con una cintura bien chiquita, bien definida. Siempre tuve piernas largas, mucho más largas que mi torso, y eso quedaba lindo con una figura de reloj de arena. Nunca tuve mucho busto, pero tampoco era plana. Siempre tuve cola. O sea, no era una modelo, pero tenía mis curvas interesantes.

Me vestí casual, acentuando lo que tenía: jean de tiro alto azul, oxford, all stars y una remera negra que quedaba ajustada sin quedar de gato. Tenía un escote interesante y acentuaba mi cintura.

Quería que Juan viera lo que estaba perdiendo. No tuve en cuenta otras presencias masculinas (y el detalle de que era de las únicas chicas, la única soltera).

Llegué temprano y sólo estaba un tipo que no me caía muy bien y un desconocido. Un desconocido de pelo rubio oscuro, patillas con canas y unos ojos azules muy impresionantes.

Hay que admitirlo: el loco estaba un poco de langa. Es un poco así su forma de ser, como me di cuenta después, pero en el momento me chocó. No se olviden que yo estaba contando los segundos para que llegara el chico a quien yo quería llamarle la atención. No me interesaba este desconocido, por más que tuviera unos ojazos azules... Que cada vez me llamaban más la atención.

Charlamos un rato, me reí mucho, y coquetée pila. Lo admito: es tan fácil coquetear y hacerte la interesante cuando el loco no te interesa... No podía armar dos frases coherentes hablando con Juan, pero con este tipo era elocuente, divertida e irónica.

Me preguntó mi edad. Le hice adivinar. Dijo 23. Tenía 17.
Le pregunté su edad. Me hizo adivinar. Dije 23. Tenía 27.
(¿Ahora entienden por qué éste es un viejito lindo?)

Mientras seguíamos sacando chispas, llegó Juan. Y se me apagaron las chispitas. Ni bien llegó, le dijeron:
- Hay que ir a llevar cosas a Rimac y Rivera.
- Ni idea donde es - dijo Juan.
- ¡Yo si! - salté, ni lerda ni perezosa.
- Dale, vamos.
Soy sutil, ¿no?

Primera vez que nos veíamos en más de una semana. Yo iba esperando, al menos, un beso. Nada. El loco fue tan frío, tan frío, que me dolió. Yo tratando de conseguir dos minutos solos y el tipo en otra.

Encima fuimos a dejarle unos papeles a un amigo de él, que estaba con una mujer de unos 40, toda producida... La baba de Juan y su amigo me hizo sentir tan estúpida...

Volvimos en silencio. Se fue a comer con los sobrinos y volvía. Decidí cobrársela.

Le seguí el juego al viejito.

lunes, 26 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El hippie y el abogado Parte III (final)

Chicas

Voy a tratar de liquidar esta hoy.

Habíamos quedado con una chica protestando y un chico en una actitud muy extraña.

En consecuencia, los días siguientes, traté de evitarlo lo más posible. Sin embargo, llegó el momento en el que los necesité.

Una noche, había ido a La Barra como tercera rueda (salí con una amiga y su novio). Si hay algo peor que ir de tercera rueda, es ir de tercera rueda a un boliche. ¿Por qué? Porque quedás sola, y parecés regalada. Y nunca falta el ladilla que te tira los perros.

Estaba ahí, disfrutando de mi rol tercerruedista, cuando ví a un amigo. El gringo. El gringo se había enamorado de mi, o eso él creía. No se había enamorado. Le parecí linda. Le dije que no. Oh, magia, se enamoró.

El gringo notó mi cara de culo con mis amigos, e insistió llevarme a casa. Le dije que no quería, pero se puso taaaaaaaaaaaaaan insufrible que le terminé diciendo que si. Me dijo que si tenía con quien quedarme, que me quedara. Pero que se preocupaba si quedaba sola, a la espera de cazadores.

A medio metro de su auto: la salvación. Encontré con quien quedarme: encontré al hippie.

Parece mentira: un plomo para sacarme otro plomo.

Me vino a saludar muy efusivo (creo que mi carita de desesperación era fácil de interpretar) y me invitó a quedarme con sus amigos, los cuales yo ya había conocido. El abogado me saludó, su simpatía acentuada por unas cuantas copas, y me presentó a un primo y su novia. Me entretuve con la parejita, escuchando como se conocieron en la universidad en Estados Unidos, siendo él uruguayo y ella argentina.

Al rato, cuando ya me había olvidado de mi noche como tercer rueda y del dramón del gringo, llegó la hora de decidir boliche. La parejita feliz se fue, ya que ella tenía vuelo temprano. Algunos de los chicos tenían invitaciones para un boliche exclusivo. Yo terminé con (como dice el título) el hippie y el abogado en un boliche.

Bailamos los tres, la pasamos muy bien, pero a la hora de volvernos, me puse firme. Ambos estaban alcoholizados y no iba a permitir que manejaran. Yo, sobria y sin libreta, era menos peligrosa.

Yo tenía las llaves del hippiemóvil. El abogado me dijo que no era un niño, y se fue manejando tranqui, seguido por mi, manejando el hippiecar, a dos metros de distancia. Al llegar a la punta, como no había tránsito, lo dejé tranquilo.

Quise dejar al hippie en su casa y caminar hasta casa, pero insistió en que no caminara, así que me dejó en casa y se fue manejando despacito.

El abogado me mandó un mensaje: "Mamá pato, llegué a casa". El hippie: "Llegué nena".

Volví a ver al hippie un día. Hablamos, charlamos sobre sus comentarios bobos y mis respuestas ácidas. Nos divertimos bastante, quedamos como amigos.

Los dos años siguientes nos hemos cruzado varias veces. Nos saludamos bien, nos reímos un rato y cada uno sigue por su camino. Veo muchos a sus amigos en los boliches de acá y nos reímos.

Y me sigo riendo del ying y el yang que eran esos dos flacos, mejores amigos, que tuve la suerte de conocer

domingo, 25 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El hippie y el abogado Parte II

Chicas

Perdón, estuve re ocupada, fueron un par de días movidos. El viernes tuve la defensa de un trabajo heavy, y cuando llegue a casa no podía más. El sábado me fui a estudiar y de tarde a darle un poco de bola al novio y a evaluar los daños en el barco post tormenta.

Por ahora flota.

Volviendo al cuento:

Los días siguientes, charlamos con el abogado via mensajes, y algo con el hippie.

El 31, llega el abogado, y vamos a la playa con él y el negro, un amigo de ellos. Demostró CERO interés, pero decidí no dejar que me afectara. Tampoco lo conocía tanto.

Al rato, llega el hippie, muy interesado y celoso. Traía mi entrada a la fiesta y me ofreció ir con ellos. Como mis amigas iban a ir desde La Barra, me servía el viaje, asi que acepté.

Después del atardecer, junté mis cosas para volver a casa. Me iba a ir a pie, y el abogado me dijo que él también. El hippie insistió en llevarme hasta casa y el abogado dijo que disfrutaba caminando solo, asi que me fui con el hippie.

Esa noche, me vestí y maquillé con pocas ganas. Me divertía salir. Me daba pereza no saber que pasaba por las cabecitas de mis amigos. Me sentía una kamikaze, saliendo con desconocidos.

Me pasaron a buscar, levantamos a unos amigos y salimos rumbo a La Barra.

En el viaje ya me había hecho tres amigos nuevos, nos matamos de la risa, así que para cuando me bajé del auto, ya estaba contenta y de buen humor. El hippie con una cara de celos asesinos y el abogado con una cara indescifrable.

Mis tacos y el camino de arena fueron un problema serio, pero mi orgullo no me dejaba descalzarme. El abogado me levantó, me apoyó en su hombro y me cargó hasta que el camino fue más firme, a pesar de mis pataleos y protestas.

Llegamos a la fiesta y enfilaron hacia la canilla libre (obviamente). El abogado me trajo un whisky, sin que se lo pidiera. El día que nos conocimos habíamos hablado de las convenciones sociales y como una chica que le gusta el whisky on the rocks no se lo puede pedir sin quedar como un hombre.

Llegaron más amigos (paréntesis: ese día conocí a quien hoy es jefe de mi novio y a su novia) y sus novias. Todas parecían contentas con la llegada de otra mujer al grupo y fueron muy amables. Pero al rato, cada uno se fue por su lado y yo quedé, nuevamente, entre el hippie y el abogado.

Llamé a mis amigas y me tiraron la bomba: "Por ahora no vamos, en un rato te llamamos".

Así que me resigné a mi suerte, me dieron todas las llaves (casas, autos, etc) y me fui a bailar con ellos.

Voy a hacerla corta: bailé con ellos, me encontré con mil conocidos, la pasé bárbaro. Me encontré con los amigos de Juan (un chico que salimos mucho tiempo), me pelearon un rato, me recriminaron por que había dejado a su amigo, pero no les di mucha bola.

Me llamaron mis amigas, así que abandoné al dúo dinámico y me fui con las chicas. Llego y estaban todas en un estado cuasi etílico deprimente. Charlamos un rato pero, la verdad, estaban desarmadas. No estaban muy parlanchinas.

A todo esto, el hippie me llamó varias veces. Lo busqué por toda la fiesta y no lo encontré ni me atendía el teléfono. Quise volver con mis amigas y tampoco las encontraba. Busqué a los amigos: nada.

Ahí me entré a asustar. Conocía a media fiesta, pero no es lo mismo conocer a la gente que estar con tus amigos. Además, estaban todos tan borrachos que era imposible preguntarles si habían visto a las chicas.

Encontré al hippie al rato. Me agarró la mano y me dijo: "ya está, no te suelto más, sos imposible de encontrar". Y el resto de la fiesta lo pasamos de la mano o a una distancia menor a dos metros.

El loco hizo hasta la fila del baño de mujeres conmigo.

Seguimos bailando hasta que salió el sol. Y un par de horas más mientras el sol brillaba.

A eso de las 10, decidimos irnos, por lo que salimos a la cacería del abogado y todos los demás. Algunos ya se habían ido. Otros se querían quedar. El abogado se quedó con unos amigos míos, charlando de la vida, y dijeron que lo alcanzaban. Le devolví sus llaves y le pedí que se cuidara.

Así que nos fuimos.

Nos subimos al auto, me saqué los tacos y charlamos un rato de la noche extraña que habíamos vivido. De sus amigos y mis amigas, y del que habrán pensado al vernos de la mano. Yo culpaba al Jack Daniels (y lo sigo culpando) y al miedo de perderme. Él no dijo nada.

Viajamos cantando hasta mi casa. Antes de que me hubiera calzado la primer sandalia, tenía sus labios sobre los míos. Me separé y lo miré como diciendo: "¿Sos estúpido o te hacés?". Me pidió perdón, pero que era muy linda, que se había divertido mucho y que se iba a arrepentir de no hacerlo. Lo miré con cara de ácido, pero mientras subía el cierre de la otra sandalia, me robó otro beso.

Me bajé del auto sin terminar de calzarme.

A los cinco minutos, un mensaje:
- Linda, tenés mis llaves
- ¿Venís a buscarlas?
- No no, ya me abrieron. Perdón por lo de hoy.
- No te preocupes. Que no se repita.

Al día siguiente, no pasó por sus llaves porque trabajaba. El abogado me mandó un mensaje diciendo que se volvía a Montevideo a trabajar. Le desee un buen viaje.

El 2 es el cumpleaños de mi madre. Cuando pasó a buscar las llavés, le pedí que me llevara una escapada al shopping porque necesitaba comprar el regalo rápida y disimuladamente. Protestó, pero le prometí que demoraba menos de quince minutos, o me podía dar todos los besos que quisiera.

Obviamente, prendió el cronómetro.

Volé por los pasillos. Entré a dos casas, en la segunda compré. A los nueve minutos estabamos subiéndonos al auto. Yo agitada y sonriente. Él decepcionado.

Cuando me dejó en casa, me pidió si lo acompañaba a la playa un día de estos. Le dije que si se comportaba e íbamos como amigos si.

Esa noche, el abogado me mandó un mensaje a preguntarme si pasaba algo con el hippie. Le respondí que no. No me volvió a mandar un mensaje.

A los días, fui a la playa con el hippie. Lo mío es un tema de suerte: tenía todos los bikinis mojados. Todos menos uno blanco que me hacía una figura mucho más linda que la que tengo. Mientras me vestía, puteaba, pensando que el loco iba a creer que me estaba produciendo para él.

Fuimos a la playa. Nos divertimos mucho, me mostró las canciones que él componía, yo le conté de mis proyectos, de que quería estudiar... Nos dábamos cuenta de que éramos polos opuestos, pero que la pasábamos bien juntos.

Mientras estaba tirada sobre el pareo, con parte del pareo tapando mi cara para evitar el sol del mediodía, me dió un beso a través de la tela. Fue algo raro, pero tuvo su parte de romanticismo. No sabía si estaba empezando a sentir algo por este hippie o si era el sentirme linda por primera vez en mucho tiempo.

Como no se callarme una, le hablé:
- Che, posta. No soy para vos, no sos para mí, y me embola ser el changuito de turno.
- No sos para mi, no soy para vos, no sos el changuito de turno.
- ¿Qué soy?
- Una amiga a la que no me puedo resistir.
- Resistite.

Mi sequedad me pone orgullosa a veces.

jueves, 22 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El hippie y el abogado Parte I

Chicas

En realidad, creo que este cuento no califica para entrar acá, pero no estoy pronta para disecar a LA GRAN HISTORIA, y como ustedes, atorrantas, no me ayudan, voy a empezar a sacar estos cuentitos cortos de la galera.

No tengo muchos, así que ¡POR FAVOR AYUDA!

Bueno, el hippie y el abogado. El hippie no era hippie, pero en mi casa se lo bautizó como el hippie o el Focker (por la película de Robert DeNiro y Ben Stiller). El abogado, obviamente, estudiante de abogacía.

Ubicación cronológica y espacial: Punta del Este. 25 de diciembre de 2010. Muelle Mailhos.

Arranco:

Era 25 de diciembre, y mis amigas no estaban en Punta. La noche anterior había salido con unos amigos que estaban en la vuelta, nos habíamos divertido, pero nada muy loco. No me gusta salir las noches multitudinarias, soy una abuela.

Decidí salir a caminar. Me sentía media melancólica, y caminar siempre me ayuda. La compañía siempre fiel de la música del celular y las havaianas que ya casi no tienen suela son un sinónimo de libertad para mi.

Cuando llegué a Mailhos, estaban tocando música, por lo que decidí bajar a la playa para escuchar. Al lado mío estaban sentados dos chicos charlando. Tenían cara de tipos bien, nada wow, nada místico. Y durante un rato, me dediqué a escuchar la música, que era mi regalo de Navidad personal: ese rato en paz.

¿Qué pasó? Se me cruzó por la cabeza hablarles. Y como había decidido dejar de ser tímida, lo hice.
- Che, disculpen que los moleste, ¿les importa si me uno?
- No, no, para nada.

Nos presentamos (a todo esto, los locos con una cara de shock interesante) y resultó ser que teníamos mil amigos en común, que habíamos estado en la misma fiesta la noche anterior, y que uno de mis amigos había saludado a uno, por lo que nos habíamos saludado la noche anterior sin darnos cuenta.

Yo no podía creer lo que estaba haciendo. Sabía que no había peligro, pero igual... Una parte de mi cerebro me gritaba: "¡¿¡¿¡¿QUÉ TE FUMASTE?!?!?!", mientras que la otra decía: "dejate llevar gurisa...".

Charlamos horas, nos divertimos pila y me cambiaron un rato la tarde. Me estaba aburriendo de estar sola con mis pensamientos.

Llegó un amigo de ellos, se presentó, muy amablemente, y se unió a la charla.

Al llegar la noche, nos paramos para partir, cada uno por su lado. Me ofrecieron alcanzarme a casa, y, con delicadeza, les expliqué que eran tres desconocidos, que era medio locura... Me dijeron que hiciera lo que quisiera, pero que si me hacía sentir mejor, que yo les decía que calles tomar y punto, ya que no se sentían bien dejando a una chica sola en la calle.

Me llevaron a mi casa. Antes de bajarme, intercambiamos números.

Cené, abrí la computadora: dos nuevas solicitudes de amistad de Facebook. Que divertido.

Charlamos con el hippie y el abogado, pero el hippie parecía más interesado. Y, OBVIAMENTE, a mi me había llamado la atención el abogado. Tenía... algo. Me invitaron a salir, pero decidí que era mejor no hacerlo. No los conocía, una chica sola... Mala idea.

Al día siguiente, me llamaron a invitarme a ir a la playa con ellos y unos amigos.

Llego y estaban: 4 chicos y una pelota de fútbol.

Charlamos un rato, me divertí pila, nos bañamos, jugamos al fútbol... Demostré que, aunque no soy muy linda, soy divertida. Dios le da pan a quien no tiene dientes, ¿no?

A mi me seguía interesando el que no demostraba un ápice de interés por mi. Yo le interesaba al que no me interesaba.

Al caer la tarde, el abogado se tenía que volver a Montevideo a trabajar. Lo acompañé hasta el estacionamiento, riéndonos, y me dijo que el 31 tenía que ir con ellos a una fiesta. Le dije que organizaba con las chicas y seguro, ya que teníamos planes de ir a esa misma fiesta.

Y, mientras volvía a la playa, me dí cuenta de que no entendía nada: ¿Le intereso o no?

Uy... ¿Por dónde sigo?

Chicas

Mi plan está fracasando... Pensé que alguna se la iba a jugar y cooperar con historias a esta altura, pero ¡siguen todas de vivas, mucha lectura y poca escritura!

No soy tan promiscua, no tengo tantas historias (me quedan un par nomás), así que QUIERO QUE SE PONGAN LAS PILAS. Sobre todo las que me mandaron historias a medias...

Sino se va a morir mi sueño...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Después de la tormenta

Como profetizó mi amiga Agus (gracias por el aguante querida... a diferencia de todos ustedes malvados que leen y no dan ni una sola palabrita de aliento), sigo siendo una persona con novio.

Básicamente, porque lo quiero de acá a Plutón, ida y vuelta, en motoneta.

Creo que es por él que me animo a disecar todas estas relaciones y pseudorelaciones viejas. Creo que quiero limpiar mi closet bien limpito, analizarlas todas, y poder dejarlas atrás. Como si quisiera hacer las paces con mi pasado para poder encarar el futuro bien. Porque quiero encarar un futuro bien. Con él.

Tenemos mil problemas. No somos compatibles en nada. De nada. De nada. Tiren cualquier tema, y vamos a ser antagónicos. No estoy jorobando. Antagónicos al extremo.

Pero, por ahora, nos queremos. Y, hasta cierto punto, nos complementamos. Su paz y mi energía, su practicidad y mis idealismos. Su realismo y mi imaginación. Su seriedad y mi infantilismo extremo.

Nos complementamos o terminamos a los gritos. O a los besos. O ambos.

Hoy no me dijo lo que quería escuchar. Yo quería oír: SI ME VOY, NO TE DEJO NI LOCO. No me dijo eso. Me dijo que si se iba, dejábamos. Que si teníamos mil problemas, sumar miles de kilómetros era un abuso.

Y me dolió. Y me la banqué. Y con toda la seriedad le dije que si, con todos los dramas que tenemos, unos kilómetros le hacían la diferencia, estábamos mal. Me dijo que sumar distancia a nuestros dramas era la receta para ser bien infelices.

Se lo acepto. Tiene un buen punto. Y decidí dejar el tema en el cajón hasta que sepamos si se va o no.

Capaz que no es lo más sano. Pero tampoco es sano darle tantas vueltas a un tema que es tan complejo. Y menos por teléfono.

¿Y saben qué? Por una vez en la vida, voy a tratar de no vivir pensando en 6 meses para adelante. Voy a tratar de vivir y punto. Y por el futuro... Y bueno, ¡de eso me preocupo mañana!

Las becas y la boluda - Round dos

Les cuento que ayer, después de mi post, no estaba más tranquila. Al revés, mi enojo se convirtió, de a poco, en dolor.

No sé si era dolor porque me sentía una pasmada, que se perdió valiosas horas investigando y cavando su propia tumba, o dolor porque para él fuera tan fácil decirme chau.

En realidad, no sabía si era tan fácil para él.

Yo tengo la capacidad de armar diálogos en mi mente, y en ese rato entre que cortamos el teléfono y volví a atenderlo (10 llamadas perdidas más tarde) ya me habia imaginado lo que me iba a decir. Y no me habia imaginado nada bueno.

Entonces, ¿con qué se encontró el flaco? Con una chica destrozada. No destrozada por lo que él me había dicho, sino por toda la manija posterior que me di solita. Y eso fue lo peor. Él no entendía que me pasaba. Me explicó que entendía que su comentario había sido medio insensible, pero que era mejor ser honesto.

Y ahí se complicó. Estábamos hablando de dos situaciones diferentes. Él de la que había sucedido. Yo de la que me había imaginado y maquinado.

Un diálogo de sordos... Increíble.

Hoy, mi día arrancó mal, y empeoró cuando intentamos hablar.

De nuestra charla, yo deducí que para él era fácil dejar todo. Y hoy se lo escupí en la cara:
- Si vos y yo somos algo tan renunciable así de fácil, hay algo realmente mal.
- Así de fácil?????? Si, es recontra fácil. Me parece que diferimos en el concepto de fácil.

Les juro que el loco no es malo, y hoy hizo todo lo posible por hacerme reir. Pero yo ya estaba tan revirada que hice todo lo posible para pelear. Y terminé sacandolo de quicio. Y terminé pidiendole perdón.

¿Se dan cuenta que es todo en mi cabeza?

Logré armar toda esta novela a partir de una oración del flaco. UNA ORACIÓN.

Voy a ver si esta catársis me ayuda a estar más tranquila para cuando hablemos.

Si no, creo que sale corriendo. Después les cuento.

Gracias por escuchar... Me coparía algún comentario, algún consejo, pero sólo el ver que 10 personas leyeron el post anterior hace que no me sienta tan sola.

martes, 20 de noviembre de 2012

Las becas y la boluda

Tengo una genial para contarles.

Estoy re enojada, así que no se tomen nada muy literal.

Les cuento: mi novio se quiere ir a hacer un master, que arranca en setiembre del año que viene. Para esto, necesitaría una beca.

¿Qué hace su novia, tan divina? Se pasa tres horas buscando todas las opciones disponibles en la vasta red conocida como internet.

Hace unos minutos, charlando, le cuento los frutos de mi investigación, clasificados según categorías: bancos, empresas, fundaciones... Incluso estuve charlando con amigos que se han ido, ya que, de poder irse, tiene que aplicar entre diciembre y febrero.

Cuando termino mi informe, seguimos charlando del tema y le conté los cuentos de la mamá de una amiga, cuyo actual esposo hizo un master en los Estados Unidos, y ella se iba de visita. El punto del cuento era que la chica se hacía la película muerta de celos, y el novio estudiando como un condenado. Venía por el lado de que las mujeres somos todas unas locas.

¿Su respuesta?
- Estás planteando un caso muy poco probable.
- Ehm, estamos haciendo todo lo posible por que te vayas, y de acá a seis meses, al menos mi idea, es seguir contigo. ¿Cuál es la variable equivocada?
- No, pero si me voy, medio que se complica lo nuestro.
- ...
- ¿Peque?
- ...
- ¿Estás enojada?
- ...

Si les soy honesta, en mi mente, esos tres puntitos fueron una puteada de diez minutos.

Por suerte, me conoce y no me cortó el teléfono. Trató de hablarme. Esa es la diferencia entre que esté acá escribiéndole a ustedes y no llamándolo a decirle: ¿Sabés que? Sueño cumplido: SOS SOLTERO.

Sé que estoy equivocada y que el tiene razón. Pero estoy TAN enojada... Me dolió que fuera la primera vez que me plantea que si se va, se acabó.

Con lo loca que estoy, ¿quién lo culpa?

unaDeTodas - El diplomático Parte IV (final)

Bueno, así que ahí me tenían, caminando hacia la facultad con una confusión considerable.

Me imagino que se habrán dado cuenta que fue un tarde en la que mi cuerpo estuvo en clase, mi mente en otra.

A todo esto, los nervios, el clima y el polvo me dieron un ataque de asma considerable y terminé en el hospital, nebulizandome.

Esa noche me manda un mensaje: "Me movés el piso Loli". (Loli hace referencia a Lolita, el personaje de Nabokov, de una niña que enamora a un adulto... Era un chiste interno, bastante retorcido).

Sin embargo, me ganó el miedo. Si bien seguíamos hablando, decidí que no lo quería volver a ver.

A los días, en lo más crudo del invierno, me manda un mensaje sobre como venía aguantando el frío, ya que lo odio tanto. Le repetí que detestaba el frío y que huiría al Caribe. ¿Su respuesta? "Tengo un destino tropical, aprontá el vestido blanco". Si bien era un chiste, en el momento no me causó ninguna gracia.

Esa noche me pidió que lo acompañara a una fiesta de una embajada. Nuevamente, le dije que no.

Semana siguiente, me invitó al cine. Nuevamente: no.

Se dio cuenta de por donde venía la mano. Hablamos, le expliqué que se iba y que yo me quedaba, que no quería enamorarme... Fue comprensivo, y me dijo que no me iba a molestar más.

Pero yo seguía acordándome. Pasaba al lado de La Giralda casi a diario y eso me movía todo.

Un par de meses después, me enteré a donde le había salido destino. Se iba en un mes y medio. Le mandé un mensaje felicitándolo, escrito en el idioma de su destino. Charlamos, me dijo que me extrañaba, que extrañaba mis mensajes, mi ironía y acidez... Y accedí a verlo una última vez.

Fuimos a tomar el té a otra cafetería histórica, que se caracteriza por tener una fuente llena de candados. Las parejas colocan allí candados, con las iniciales grabadas, como simbolo de su amor. No se preocupen, no puse un candado ahí. Todavía no soy tan cursi.

Llegué antes que él, por lo que me puse a mirar los candados. A los dos minutos llega por atrás mio y me habla al oído. Pensando que era un chorro, me di vuelta con el puño cerrado, pronta para bajarle los dientes. Por suerte, vi quien era antes de pegarle.

Entramos y nos tocó el mozo más simpático que he conocido. Enseguida se volvió mi compinche y nos divertimos mucho, tomandole el pelo al señor diplomático-de-traje-impecable. A todo esto, el muchacho me miraba, medio celoso de mi complicidad con el mozo.

Charlamos, nos divertimos mucho, y me di cuenta de lo mucho que lo había estado extrañando.

Cuando salimos, me acompañó a donde me iba a tomar el ómnibus. De camino, pasamos por la vidriera de una joyería. Miré de reojo, a ver cuan horrible estaba mi pelo, y pensó que quería ir a mirar, por lo que me arrastró hasta la vidriera. Me pareció considerado, ya que todos los hombres huyen de las vidrieras, sobre todo de las caras. Me preguntó si quería algo, a lo que le revolee los ojos y seguí caminando.

Cuando llegamos a la parada, me miró como pidiendo un beso. No sabía que hacer. Decidí que lo decidiera el destino. Le di la espalda, mirando los ómnibus que pasaban. Si el próximo ómnibus era par, como el que esperaba, no le daba nada. Si era impar, él se salía con la suya. Obviamente, ¿siguiente bondi? Un D11.

Lo miré, con una media sonrisa, y entendió. Me dió un beso suavecito, casi como para no asustarme. Después, volví a darme vuelta, esperando el ómnibus. Me abrazó por atrás, pero no de una forma desubicada, sino que solo su pecho tocaba mis omóplatos.

Ahí tomé una decisión: en un mes, no me iba a enamorar. Decidí volver a verlo.

Un par de noches después, me dijo que me quería. Era justamente lo que yo no quería oír. Quería no quedarme con el: "¿Qué hubiera pasado si..?", pero no quería nada que me hiciera sufrir cuando se fuera.

Fuimos al estadio con sus amigos un par de semanas después. Me presentó con orgullo. Uno me adoró, el otro protestaba que no se llevan mujeres al estadio con amigos.

Un partidazo. Cuatro goles de Suárez, quedé afónica de gritar... Impresionante.

Cuando terminó, yo sabía que era la última vez que nos ibamos a ver, al menos solos.

Llegando a la parada, vi mi ómnibus. No lo pensé dos veces: lo abracé y le di un beso de esos que no se olvidan fácil. Los borrachos que estaban sentados en la vereda nos empezaron a aplaudir, pero estábamos en otro planeta. No le di tiempo de que dijera nada, porque salí corriendo rumbo al bondi.

Esas dos semanas previas a su viaje, me propuso planes a diario. Por suerte, la facultad proporcionaba buenas excusas.

La última vez que lo ví, fue en un evento similar a cuando nos conocimos. No estaba segura de que él fuera, pero cuando llegué y lo ví, tuve sentimientos encontrados. No sabía si quería verlo de nuevo, pero ya era demasiado tarde.

Yo tenía un vestido blanco con un estampado en negro, escote corazón, por las rodillas y de falda suelta. Tacos negros de 12 cm. Brushing. Abanico. Pocas veces digo que estaba linda, pero ese día sí que lo estaba. No linda de una manera provocativa. Linda y elegante. Los zapatos me hacían unas piernas interminables, el vestido acentuaba la cintura... Me sentía una diosa.

Y si no me sentía una diosa, el tamaño de sus ojos cuando me vió fue piropo suficiente.

Por suerte, un amigo al que, en alguna época, le gusté, me acompañó toda la noche. No tenía ganas de hablarle. Me mandó varios mensajes, del estilo: "Que linda que estás", "Si cuando vuelvo seguís así de linda, me caso con vos"... No necesitaba oírlos.

Mi amigo notó algo extraño, y en un momento fue incómodo, porque se pusieron medios competitivos y ambos se dieron cuenta de que compartían un interés común.

Mi amigo entendió mis caras y me acompañó a sol y sombra.

Cuando se iba, decidí no ser tan malvada, y le hablé cinco minutos solos. Me dijo que me iba a extrañar, que se iba en un par de días. Le deseé un buen viaje, que se cuidara mucho.

El día que se iba, me llamó desde el avión. Me pidió que me cuidara. Me recordó: "te quiero".

lunes, 19 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El diplomático Parte III

Estaba a punto de largar el blog al demonio hasta que vi que tenía tres visitas en el día de hoy, y eso me re emocionó.

Si tres personas se tomaron el rato de entrar, yo me tomo el rato de escribir.

Voy a retomar mi cuento de hadas.

Habíamos quedado en La Giralda. Ese día estaba con un jean, remera blanca (que me quedaba enorme), all stars blancos... Clásico look de estudiante en un lunes. Aunque... ¡Admito que me maquillé!

Llegamos al café y nos sentamos en una mesa grande del centro. Cuando terminé de sacarme el saquito, la cartera del hombro, la pinza del pelo y los nervios de encima, lo miré. Mis ojos se encontraron con la mirada fija de los ojos azules/celestes más impresionantes que he visto.

Me pedí un café, él un té, y pidió un apple crumble para cada uno (tengo un problema con tomar decisiones a la hora de comer).

Ese fue el principio de un show de media hora. No podía creer que una persona pudiera hacer tanto show con una taza de té. Los años en Oxford y los cursos de protocolo le habían enseñado mucha ceremonia alrededor de la comida. Me sentía un cavernícola al lado de tanta pulcritud y etiqueta.

Charlamos, nos tomamos el pelo... Siempre fui muy ácida y demostré el menor interés posible (aunque, tenía algo que me podía).

Al rato salimos, y mi mamá me pasaba a buscar por la facultad, así que volvimos. De camino, nos cruzamos con un muchacho que me había invitado a cenar unos meses atrás (¡qué chica suertuda..! Esa noche, me mandó un mensaje preguntando quién era "el del traje"). Espero a que mi mamá llegara y después se fue, caminando con un paso tranquilo.

Para dar púa, le mandé un mensaje esa noche:
- El chico que nos cruzamos, me había invitado a cenar
- Parece mi hermano mayor
- Opa, ¿no te gustó la competencia?
- Competencia, mmm

Enseguida llegó Semana Santa y se fue al casamiento de su hermana a Salto. Cuando llegó, me invitó a un concierto de tango, pero estaba estudiando Álgebra con amigos, y lo tuve que abandonar.

Seguíamos hablando mucho, muchos mensajes y Facebook, pero siempre me invitaba a planes complicados, que yo no podía cumplir.

Una noche, me mandó un mensaje, diciendo que estaba con su hermana en el cumpleaños de una amiga. Le mandé un mensaje diciendo que se consiguiera una chica de su edad. ¿Su respuesta? "Está lleno de mujeres, pero no me gusta ninguna. La que me gusta se preocupa más por los libros que por mi".

Un par de días después, me invitó a un evento del trabajo, una ópera japonesa. Un evento de etiqueta, con todo el protocolo. Le dije que lo tenía que pensar.

A los días, le respondí que no podía porque tenía una clase a esa hora. Me respondió: "Justo que me había recortado el bigote..." (porque, a todo esto, seguíamos con miles de mensajes, una sola salida arriba... y ni un beso).

En el día del evento, le mandé un mensaje: "Que te diviertas, espero que mi sustituta encare!". Me respondió: "Mi hermana es muy linda e inteligente". Admito que eso me mató, ya que era un plan que a muchas mujeres les hubiera gustado, y no fue con otra (vi una foto en el diario con la hermana, no le creía mucho).

Sin mucha más novedad, pasaron las semanas... Muchos mensajes tiernos, pero nunca le dije que si a ningún plan. ¿Por qué? Les voy a decir la verdad: me gustaba muchísimo, y el dia en La Giralda me contó que tenía un destino a fin de año. Me dió pánico enamorarme. Enamorarme y que se fuera, y quedar acá con el corazón roto.

Sin embargo, mi plan de no quererlo no me funcionaba mucho. El tipo era encantador y yo le importaba. Y me seguía llamando, a pesar de todas mis negativas. A mi, que nunca tuve mucha autoestima, eso me mataba.

El 21 de mayo, en teoría, se acababa el mundo. A las tres de la tarde me llegó el mensaje más cursi del planeta, pero que me movió el piso. No lo puedo poner acá por respeto, pero fue muy tierno. Y eso me decidió: voy a darle la chance.

A todo esto, el muchacho viajó a Chile. A los dos días, desastre natural. Hasta que me llegó un mensaje de: "estoy bien", caminaba por las paredes. Mi ansiedad fue la confirmación: lo quería.

Llegó de Chile un lunes, el martes fuimos a almorzar. Nuevamente, fui vestida tan horrible que me impresionaba a mi misma. Creo que parte de mi quería que él no se interesara en mi. No soy psicóloga, es más, estoy media loca, pero bueno. Creo que era algo así.

Un lugar precioso, comida exquisita, charla bien ácida... Una cita perfecta para mi.

Le había comentado que me gusta Sabina; me llevó a un restaurant donde la música es toda de Sabina.

Cuando terminamos de comer, pidió la cuenta. Cuando amagué a sacar la billetera, me pidió que no lo insultara. "Hace tres meses que espero por esto".

Al salir, me dió un chocolate. Sabia que amo el chocolate, aunque soy alérgica. Consiguió el chocolate más puro que existe, porque cuanto más puro, menos dañino me resulta. Me miró y me preguntó: "¿no me toca un beso?". Le respondí que no, y que si iba por la vida pidiéndolos, iba a tener poco futuro. No le di chances de que hiciera nada, porque salí caminando.

Cuando se recuperó del plantón, me alcanzó riéndose. "Sos dura nena...".

Llegamos a la esquina, miré para cruzar y se me puso adelante. Me miró a los ojos, puso su mano en la parte baja de mi espalda y me llevó hasta él. No sé si me dió un beso o se lo dí yo.

Si sé que mi plan de no enamorarme se me estaba yendo por el caño.




jueves, 15 de noviembre de 2012

unaDeTodas - mi novio

Chicas

Sé que estoy armando un lío considerable, pero bueno... Les explico:

Ultimamente tuve mil problemas. Me enfermé, la facultad me superó, me sentí lo más bajo de la cadena alimenticia...

Y, mientras muchos chicos con los que salí hubieran huido ante la situación... Mi novio aguantó. Entonces creo que se merece un mini homenaje del cual nunca se va a enterar.

¿Cómo es? Flaco. El primer comentario de mi abuela cuando lo vió fue que entre los dos no sumábamos 100 kg. Es lo primero que la gente nota. Un tipo flaco, que habla poco. Pero es muchísimo más. Es un tipo con una mirada profunda, que te muestra que no te anda con vueltas ni que te anda mintiendo. Es un hombre que no te trae flores ni ositos, pero te abraza mientras llorás y se pone una nariz de payaso para que te rías cuando el mundo te aplasta. Es el que te presenta orgulloso a la familia. El que se pone en guardia si le hablás de otros hombres, pero no se queja.

¿Qué quieren que les diga? A mi, eso me enamora. Me parece que es algo más valioso que lo comercial. No me regala cosas a diario, pero me regala media hora todas las noches, cuando se quiere ir a dormir, para escucharme, para contarme de su día, para hacer planes...

No me intenta cambiar... Somos diametralmente opuesto en todo, y me lo respeta. Me respeta mis decisiones, respeta que mi grupo de estudio sean hombres, que mi mejor amigo esté enamorado de mi (y me lo diga casi que a diario)... Respeta que me siga tratando con chicos con los que salía.

Pero nada de eso valdría la pena si no fuera por lo que siento por él, y por lo que el me hace sentir. Digo, no es que no tengamos problemas. Tenemos mil dramas, casi que a diario. Problemas cotidianos, problemas filosóficos, de logística y de incompatibilidad de personalidades. Pero prefiero pelearme con él que abrazar a otro.

Es un día complicado el día que aceptás esa verdad.

No se si les pasó alguna vez. Da mucho miedo... Ese momento en el que te das cuenta que estás abrazando a alguien y sentís que no lo querés soltar más. Entonces sentís miedo. Miedo de no ser suficiente. Miedo de que no sientan lo mismo. Miedo de tantas cosas ridículas... Como si de repente encontraste algo de muchísimo valor, que tenes que cuidar porque es único.

A mi me pasó así. Empezamos a salir casi que de casualidad. Todas las noches decíamos que no iba a funcionar, que no tenía sentido, que era mejor seguir de amigos... Pero ninguno tomaba la decisión de cortar por lo sano. Hasta una tarde, que estábamos caminando, saliendo de misa. Habia fallecido la mamá de una amiga, y le pedí que me llevara a misa. Lloré media misa y él serio, sin muestras de vergüenza ni nada, a pesar de que algunas personas me miraran.

Cuando salimos, hacía frío. Me abrazó fuerte y algo en mí hizo un click. Todo tenía sentido. Como si, en ese momento, todo en mi mundo se hubiera equilibrado. Y me di cuenta de que lo quería abrazar todos los días. Y me di cuenta de que lo quería en serio, y lo mucho que me lastimaban esas charlas sobre dejar.

Cuando llegué a mi casa, tenía un lío en la cabeza... Estaba triste por mi amiga, por su madre... Estaba confundida por él... Hasta que lo acepté: me estaba enamorando del menos pensado. Y, justamente por ser el menos pensado, era el más ideal.

domingo, 11 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El diplomático Parte II


Perdón mi ausencia. ¡Muucho muucho estudio!


A ver... Ah, si, estábamos en que el chico era muy peleador, lo cual me podía.

Mientras yo preparaba unas pruebas para entrar a facultad, me daba charla.

Y bueno, llegó el día de arrancar las clases... Mucho mensaje vía facebook (el drama de los smartphones, no te permiten concentrarte en clase!), me peleaba porque no quería arrancar las clases...

No era una onda chat... Era más bien un "You've got mail", con respuestas largas y meditadas.
Así estuvimos hasta que llegó el viernes. Unos amigos en común organizaban una salida a la cual ambos estábamos invitados.
Camino al bar, con un amigo, casi choca con un auto por la derecha, a lo cual yo, en el asiento del acompañante, vi pasar mi vida frente a mis ojos (paréntesis: que vida aburrida).

Llegué al bar y me encontré con amigos, contamos nuestro encuentro con la muerte, nos reímos un rato... Me había olvidado de él. Hasta que entré a buscar la caipi de la resurrección (si, amo las caipis). Ahí estaba, en la barra, acodado. Charlando con un hombre, tomando coca cola. Jean, saco azul (si, saco sport) y una camisa blanca con un detalle de un reborde oscuro (si, le saque una radiografía).

Me acerqué, teniendo cuidado de quedar siempre a sus espaldas, y pedí una caipi. Se da vuelta, me mira y me dice: "che, ¿no sos muy nena para andar tomando esas cosas tan fuertes?". Me enderecé y lo miré, desde mi metro ochenta y algo (1.73 naturales, 10 de taco) y le dije: "Y... capaz. ¿Te parezco tan nena?". No se de donde saqué el coraje de hablarle así... Probablemente de la caipi.
Hablamos unos minutos, media vuelta y me fui a la parte de afuera a charlar con amigos. Al rato se unió, charlamos un buen rato y le presenté a mis amigas (quienes ya se habían hecho amigos).

Pasamos mucho frío, y nos pasamos peleando el uno al otro.

No paso nada demasiado trascendente, solo una foto muy polémica de él hablando en mi oído y yo poniendo cara sarcástica.

Me pidió que le avisara cuando llegara a casa. Le mandé un mensaje por facebook:

"Llegando a casa, congelada maaal. Tuve que esperar que las chicas terminaran de hablar con sus gatos.. Que aburrido que es ser pierna!
No te valoré, pero posta que cuando no quedaba nadie sobrio..
Así que en persona soy mala, golpeadora, amarga, violenta, demasiado flaca..? Manso.
A mi me caíste bien.
Me sigo congelando. Había dejado la ventana abierta.
Good night!"

Su respuesta:

"Bueno, además de esas cosas sos linda, divertida, inteligente y te gusta el tango, por lo que la balanza está bastante equilibrada.
cuídate del frío. beso. f"

Un par de mails de por medio, me llega un "a ver si nos vemos algun dia".
Ese domingo, me invitó a ir el lunes a tomar el té. "Pasame tu cel y arreglamos para hacer algo..."

El lunes me llevó a la giralda. Quienes no saben, la giralda es un bar-cafe histórico donde se escuchó por primera vez uno de los tangos mas famosos del mundo... Y yo el viernes le había dicho que me gustaba el tango...

lunes, 5 de noviembre de 2012

La operación amor fue un éxito!

Chicas

Mini post

La operación fue un éxito!!! Los tortolitos están hablando en este momento, y yo re feliz por ellos...

Les juro que siento que capaz, solo capaz, el mundo hoy, es un lugar con una gotita más de amor o amistad, o algo... Y eso está salado, porque tengo algo que ver ahí.

Que emoción. Se van a reir de mi, pero les juro que me cambió un día que venía en caída libre.

xox

unaDeTodas

domingo, 4 de noviembre de 2012

unaDeTodas - El diplomático Parte I

Este chico no va a tener nombre. Con su título basta para explicar un poco. Era (es) economista, pero decir que es diplomático basta para que se hagan la idea.

Nos conocimos porque yo soy una bruta, una mandada y un peligro. Partamos de esa base, sino no van a entender nada.

Estabamos en Mercedes con unos amigos, en un evento de política. La noche anterior habíamos salido y me había tocado dormir (lo poco que dormimos) en un colchón en el piso, por lo que mi humor no era el mejor. Agreguemos que no teníamos desmaquillante, así que no quiero pensar lo que era mi cara. Agreguemos que no me había dado el tiempo de lavarme el pelo y que hacían 40 grados a la sombra... Día complicado.

Llegamos al evento con los chicos, uno de ellos el hijo del líder del sector, muy conocido. Llegamos tarde, y bajo la mirada de toda la reunión, nos sentamos en el piso. Ahí fue cuando lo ví. Mejor dicho: vi una silla vacía y, cuando me iba a ir a sentar, lo vi sentándose. Lo odié mucho, ya que estaba con una pollera de jean que complicaba sentarse en el piso.

Terminada la reunión, fuimos a comer con mis amigos. Después de terminar, uno se demoró, por lo que fui a saludar a unos amigos sentados al otro lado del restaurant. Cuando voy a saludar, lo veo. El ladrón de sillas.
Solo que visto de frente, no estaba mal... Rubio, ojos claros, barba (eso no me llamaba mucho), bien vestido... Y mirándome con una sonrisa divertida. No le presté mucha atención, ya que estaba charlando con amigos, pero me hizo un par de comentarios molestos.

Al llegar a casa, me seguía acordando de esos comentarios. Facebook, fotos de evento, lo encontré, lo agregué. A los días me acepta y me pregunta quien era. Empezamos a charlar y me pareció muy divertido, y de ese estilo que saben pelear, que no te dejan ganar una... Y ahí yo pierdo.

Es jodido enamorarse

Arranquemos esto con una máxima. Todo buen blog que se precie de tal debe comenzar con una máxima que sea un desafío para el lector. Que lo motive a ver por que diablos decimos lo que decimos.

Mi máxima dice así: ES JODIDO ENAMORARSE.

Dista de ser el descubrimiento de la penincilina, pero ¿por qué lo digo?

Porque enamorarse es agarrar lo más frágil de uno y, humildemente, dárselo a otro, esperando que lo aprecie y lo cuide. Y muchas veces no lo hacen.

A veces, uno recibe unos añicos con una nota diciendo "perdón". A veces, sin siquiera la nota.

Y, al igual que el vidrio, jamás vuelve a ser el mismo. En cambio, al igual que el hueso, cuando cierra, la cicatriz es más fuerte y resistente que la endeble original.

¿Por qué enamorarse, entonces? Hoy en día, el argumento de la continuación de la especie no corre. Entonces, ¿por qué? Porque es la aventura más apasionante. Los tiempos han cambiado, los medios han cambiado, pero la mirada de dos enamorados es universal. La misma del 1700, en el 2012.

La complicidad de amantes, los efectos en el cuerpo... Vale la pena la apuesta.

Yo siempre fui enamoradiza. O siempre quise estar enamorada.

En estas líneas, quiero contar y leer historias reales. Para novelas, prendo la tele.

La realidad siempre supera a la ficción.

unaDeTodas - Me salto unos cuantos

Chicas

Les cuento que voy a hacer trampa.

En orden cronológico, sigue un chico que fue muy importante en mi vida.

La verdad, no estoy pronta para disecar esa relación. Entre otras cosas, llevaría demasiado tiempo.

Me divierte más seguir con una historia que creo que les va a gustar. Es un cuento de hadas moderno. Con un príncipe azul caballero, que sabía usar todos los cubiertos de los restaurants y combinaba las medias con la corbata. Un gentleman.

Les voy a contar una historia que me hizo sentirme linda, interesante y coqueta.

Una historia que explica un poco porque creo que hay que animarse a todo.

La historia del diplomático.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Crisis y duda

Gente, les cuento

Este blog, que no tiene una semana, tiene muuuuuuchas visitas.

Pero nadie comenta...

¿A alguien le interesa?