Chicas
Les presento al viejito lindo. Nos conocimos en un evento medio especial. Un día en el que teníamos que estar varias personas en una misma casa haciendo base, mientras los demás salían a hacer cosas (no puedo dar detalles). Yo no manejaba (tenía 17) y él estaba sin auto, así que nos tocó hacer base juntos. Pero bueno, voy a arrancar por el principio.
Mayo 2010. Calor. Mucho calor. Tenía ese evento, un día medio especial en el que iba a estar todo un día en una casa. Iba a ver por primera vez en muchos días a Juan. Juan es un chico con el que había onda y habíamos salido un par de veces y (en mi mente) las cosas venían bien.
Obvio que me vestí linda, pero que no pareciera que me estaba esforzando demasiado.
Les cuento un poco de como era yo en ese entonces (cambié un poco).
Era alta, 1.73, flaquita, con una cintura bien chiquita, bien definida. Siempre tuve piernas largas, mucho más largas que mi torso, y eso quedaba lindo con una figura de reloj de arena. Nunca tuve mucho busto, pero tampoco era plana. Siempre tuve cola. O sea, no era una modelo, pero tenía mis curvas interesantes.
Me vestí casual, acentuando lo que tenía: jean de tiro alto azul, oxford, all stars y una remera negra que quedaba ajustada sin quedar de gato. Tenía un escote interesante y acentuaba mi cintura.
Quería que Juan viera lo que estaba perdiendo. No tuve en cuenta otras presencias masculinas (y el detalle de que era de las únicas chicas, la única soltera).
Llegué temprano y sólo estaba un tipo que no me caía muy bien y un desconocido. Un desconocido de pelo rubio oscuro, patillas con canas y unos ojos azules muy impresionantes.
Hay que admitirlo: el loco estaba un poco de langa. Es un poco así su forma de ser, como me di cuenta después, pero en el momento me chocó. No se olviden que yo estaba contando los segundos para que llegara el chico a quien yo quería llamarle la atención. No me interesaba este desconocido, por más que tuviera unos ojazos azules... Que cada vez me llamaban más la atención.
Charlamos un rato, me reí mucho, y coquetée pila. Lo admito: es tan fácil coquetear y hacerte la interesante cuando el loco no te interesa... No podía armar dos frases coherentes hablando con Juan, pero con este tipo era elocuente, divertida e irónica.
Me preguntó mi edad. Le hice adivinar. Dijo 23. Tenía 17.
Le pregunté su edad. Me hizo adivinar. Dije 23. Tenía 27.
(¿Ahora entienden por qué éste es un viejito lindo?)
Mientras seguíamos sacando chispas, llegó Juan. Y se me apagaron las chispitas. Ni bien llegó, le dijeron:
- Hay que ir a llevar cosas a Rimac y Rivera.
- Ni idea donde es - dijo Juan.
- ¡Yo si! - salté, ni lerda ni perezosa.
- Dale, vamos.
Soy sutil, ¿no?
Primera vez que nos veíamos en más de una semana. Yo iba esperando, al menos, un beso. Nada. El loco fue tan frío, tan frío, que me dolió. Yo tratando de conseguir dos minutos solos y el tipo en otra.
Encima fuimos a dejarle unos papeles a un amigo de él, que estaba con una mujer de unos 40, toda producida... La baba de Juan y su amigo me hizo sentir tan estúpida...
Volvimos en silencio. Se fue a comer con los sobrinos y volvía. Decidí cobrársela.
Le seguí el juego al viejito.
Que geniaaaaaaaaaaa!!!!! No se si produce algún efecto sobre la otra persona, pero puedo asegurar que nos hace sentir muyyy bien, jajajaja! No es que sea mala, es que a veces se lo merecen.
ResponderEliminarSe lo merecen, pero a veces no tiene efecto o peor: tiene el efecto contrario. Es un arma de doble filo...
ResponderEliminarPero es muy divertido hacerlo!