Chicas
Perdón, estuve re ocupada, fueron un par de días movidos. El viernes tuve la defensa de un trabajo heavy, y cuando llegue a casa no podía más. El sábado me fui a estudiar y de tarde a darle un poco de bola al novio y a evaluar los daños en el barco post tormenta.
Por ahora flota.
Volviendo al cuento:
Los días siguientes, charlamos con el abogado via mensajes, y algo con el hippie.
El 31, llega el abogado, y vamos a la playa con él y el negro, un amigo de ellos. Demostró CERO interés, pero decidí no dejar que me afectara. Tampoco lo conocía tanto.
Al rato, llega el hippie, muy interesado y celoso. Traía mi entrada a la fiesta y me ofreció ir con ellos. Como mis amigas iban a ir desde La Barra, me servía el viaje, asi que acepté.
Después del atardecer, junté mis cosas para volver a casa. Me iba a ir a pie, y el abogado me dijo que él también. El hippie insistió en llevarme hasta casa y el abogado dijo que disfrutaba caminando solo, asi que me fui con el hippie.
Esa noche, me vestí y maquillé con pocas ganas. Me divertía salir. Me daba pereza no saber que pasaba por las cabecitas de mis amigos. Me sentía una kamikaze, saliendo con desconocidos.
Me pasaron a buscar, levantamos a unos amigos y salimos rumbo a La Barra.
En el viaje ya me había hecho tres amigos nuevos, nos matamos de la risa, así que para cuando me bajé del auto, ya estaba contenta y de buen humor. El hippie con una cara de celos asesinos y el abogado con una cara indescifrable.
Mis tacos y el camino de arena fueron un problema serio, pero mi orgullo no me dejaba descalzarme. El abogado me levantó, me apoyó en su hombro y me cargó hasta que el camino fue más firme, a pesar de mis pataleos y protestas.
Llegamos a la fiesta y enfilaron hacia la canilla libre (obviamente). El abogado me trajo un whisky, sin que se lo pidiera. El día que nos conocimos habíamos hablado de las convenciones sociales y como una chica que le gusta el whisky on the rocks no se lo puede pedir sin quedar como un hombre.
Llegaron más amigos (paréntesis: ese día conocí a quien hoy es jefe de mi novio y a su novia) y sus novias. Todas parecían contentas con la llegada de otra mujer al grupo y fueron muy amables. Pero al rato, cada uno se fue por su lado y yo quedé, nuevamente, entre el hippie y el abogado.
Llamé a mis amigas y me tiraron la bomba: "Por ahora no vamos, en un rato te llamamos".
Así que me resigné a mi suerte, me dieron todas las llaves (casas, autos, etc) y me fui a bailar con ellos.
Voy a hacerla corta: bailé con ellos, me encontré con mil conocidos, la pasé bárbaro. Me encontré con los amigos de Juan (un chico que salimos mucho tiempo), me pelearon un rato, me recriminaron por que había dejado a su amigo, pero no les di mucha bola.
Me llamaron mis amigas, así que abandoné al dúo dinámico y me fui con las chicas. Llego y estaban todas en un estado cuasi etílico deprimente. Charlamos un rato pero, la verdad, estaban desarmadas. No estaban muy parlanchinas.
A todo esto, el hippie me llamó varias veces. Lo busqué por toda la fiesta y no lo encontré ni me atendía el teléfono. Quise volver con mis amigas y tampoco las encontraba. Busqué a los amigos: nada.
Ahí me entré a asustar. Conocía a media fiesta, pero no es lo mismo conocer a la gente que estar con tus amigos. Además, estaban todos tan borrachos que era imposible preguntarles si habían visto a las chicas.
Encontré al hippie al rato. Me agarró la mano y me dijo: "ya está, no te suelto más, sos imposible de encontrar". Y el resto de la fiesta lo pasamos de la mano o a una distancia menor a dos metros.
El loco hizo hasta la fila del baño de mujeres conmigo.
Seguimos bailando hasta que salió el sol. Y un par de horas más mientras el sol brillaba.
A eso de las 10, decidimos irnos, por lo que salimos a la cacería del abogado y todos los demás. Algunos ya se habían ido. Otros se querían quedar. El abogado se quedó con unos amigos míos, charlando de la vida, y dijeron que lo alcanzaban. Le devolví sus llaves y le pedí que se cuidara.
Así que nos fuimos.
Nos subimos al auto, me saqué los tacos y charlamos un rato de la noche extraña que habíamos vivido. De sus amigos y mis amigas, y del que habrán pensado al vernos de la mano. Yo culpaba al Jack Daniels (y lo sigo culpando) y al miedo de perderme. Él no dijo nada.
Viajamos cantando hasta mi casa. Antes de que me hubiera calzado la primer sandalia, tenía sus labios sobre los míos. Me separé y lo miré como diciendo: "¿Sos estúpido o te hacés?". Me pidió perdón, pero que era muy linda, que se había divertido mucho y que se iba a arrepentir de no hacerlo. Lo miré con cara de ácido, pero mientras subía el cierre de la otra sandalia, me robó otro beso.
Me bajé del auto sin terminar de calzarme.
A los cinco minutos, un mensaje:
- Linda, tenés mis llaves
- ¿Venís a buscarlas?
- No no, ya me abrieron. Perdón por lo de hoy.
- No te preocupes. Que no se repita.
Al día siguiente, no pasó por sus llaves porque trabajaba. El abogado me mandó un mensaje diciendo que se volvía a Montevideo a trabajar. Le desee un buen viaje.
El 2 es el cumpleaños de mi madre. Cuando pasó a buscar las llavés, le pedí que me llevara una escapada al shopping porque necesitaba comprar el regalo rápida y disimuladamente. Protestó, pero le prometí que demoraba menos de quince minutos, o me podía dar todos los besos que quisiera.
Obviamente, prendió el cronómetro.
Volé por los pasillos. Entré a dos casas, en la segunda compré. A los nueve minutos estabamos subiéndonos al auto. Yo agitada y sonriente. Él decepcionado.
Cuando me dejó en casa, me pidió si lo acompañaba a la playa un día de estos. Le dije que si se comportaba e íbamos como amigos si.
Esa noche, el abogado me mandó un mensaje a preguntarme si pasaba algo con el hippie. Le respondí que no. No me volvió a mandar un mensaje.
A los días, fui a la playa con el hippie. Lo mío es un tema de suerte: tenía todos los bikinis mojados. Todos menos uno blanco que me hacía una figura mucho más linda que la que tengo. Mientras me vestía, puteaba, pensando que el loco iba a creer que me estaba produciendo para él.
Fuimos a la playa. Nos divertimos mucho, me mostró las canciones que él componía, yo le conté de mis proyectos, de que quería estudiar... Nos dábamos cuenta de que éramos polos opuestos, pero que la pasábamos bien juntos.
Mientras estaba tirada sobre el pareo, con parte del pareo tapando mi cara para evitar el sol del mediodía, me dió un beso a través de la tela. Fue algo raro, pero tuvo su parte de romanticismo. No sabía si estaba empezando a sentir algo por este hippie o si era el sentirme linda por primera vez en mucho tiempo.
Como no se callarme una, le hablé:
- Che, posta. No soy para vos, no sos para mí, y me embola ser el changuito de turno.
- No sos para mi, no soy para vos, no sos el changuito de turno.
- ¿Qué soy?
- Una amiga a la que no me puedo resistir.
- Resistite.
Mi sequedad me pone orgullosa a veces.
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