Lo último era el químico gruñón de besos tiernos.
Ese beso fue tan lindo... Después caminamos hasta mi parada abrazaditos (eso era re incómodo porque el loco era RE petiso pero bueno...) y cada tanto me robaba algún beso.
Me tomé el ómnibus y lo mismo, unos mensajes tan tiernos que parecía otra persona. Y algo no me cerraba: ¿por qué la cara de serio cuando estamos juntos? ¿Cómo puede ser tan tierno por mensaje?
Los días siguientes fueron encantadores, muchos mensajes súper tiernos, nos matábamos de la risa el uno con el otro... Todo por teléfono.
Yo estaba preparando un examen de álgebra, entonces no tenía mucho tiempo para salir, pero le hice un rato un miércoles, antes de una clase de consulta.
Nos juntamos en la plaza Varela a charlar.
Una seriedad increíble. Les juro, una cara de serio... Nos sentamos en un banquito y casi que tuve que pedirle que me pasara un brazo por los hombros... Yo no podía creer que el mismo que todas las noches me rogaba besos por mensaje fuera el rubiecito sentado a mi lado.
Llego la hora de la clase y me acompañó a facultad. Elegí el camino largo, a ver si en ese recorrido se avivaba de que estaba enojada. Mejor dicho, confundida.
Se dió cuenta, pero opté por no decirle en ese momento. Tenía miedo de que no me gustara su reacción y no poder disimular.
Me fui a clase y el me mandó un mensaje; si estaba bien. Le mandé que estaba confundida, que no sabía a quien acababa de abrazar, pero que no parecía el químico que yo conocía. Me explicó que bueno, que le encantaba cuando yo lo abrazaba, que solamente era que no le salía con tanta espontaneidad como a mi...
Pero algo se sentía mal