Les cuento que ayer, después de mi post, no estaba más tranquila. Al revés, mi enojo se convirtió, de a poco, en dolor.
No sé si era dolor porque me sentía una pasmada, que se perdió valiosas horas investigando y cavando su propia tumba, o dolor porque para él fuera tan fácil decirme chau.
En realidad, no sabía si era tan fácil para él.
Yo tengo la capacidad de armar diálogos en mi mente, y en ese rato entre que cortamos el teléfono y volví a atenderlo (10 llamadas perdidas más tarde) ya me habia imaginado lo que me iba a decir. Y no me habia imaginado nada bueno.
Entonces, ¿con qué se encontró el flaco? Con una chica destrozada. No destrozada por lo que él me había dicho, sino por toda la manija posterior que me di solita. Y eso fue lo peor. Él no entendía que me pasaba. Me explicó que entendía que su comentario había sido medio insensible, pero que era mejor ser honesto.
Y ahí se complicó. Estábamos hablando de dos situaciones diferentes. Él de la que había sucedido. Yo de la que me había imaginado y maquinado.
Un diálogo de sordos... Increíble.
Hoy, mi día arrancó mal, y empeoró cuando intentamos hablar.
De nuestra charla, yo deducí que para él era fácil dejar todo. Y hoy se lo escupí en la cara:
- Si vos y yo somos algo tan renunciable así de fácil, hay algo realmente mal.
- Así de fácil?????? Si, es recontra fácil. Me parece que diferimos en el concepto de fácil.
Les juro que el loco no es malo, y hoy hizo todo lo posible por hacerme reir. Pero yo ya estaba tan revirada que hice todo lo posible para pelear. Y terminé sacandolo de quicio. Y terminé pidiendole perdón.
¿Se dan cuenta que es todo en mi cabeza?
Logré armar toda esta novela a partir de una oración del flaco. UNA ORACIÓN.
Voy a ver si esta catársis me ayuda a estar más tranquila para cuando hablemos.
Si no, creo que sale corriendo. Después les cuento.
Gracias por escuchar... Me coparía algún comentario, algún consejo, pero sólo el ver que 10 personas leyeron el post anterior hace que no me sienta tan sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario