Este chico no va a tener nombre. Con su título basta para explicar un poco. Era (es) economista, pero decir que es diplomático basta para que se hagan la idea.
Nos conocimos porque yo soy una bruta, una mandada y un peligro. Partamos de esa base, sino no van a entender nada.
Estabamos en Mercedes con unos amigos, en un evento de política. La noche anterior habíamos salido y me había tocado dormir (lo poco que dormimos) en un colchón en el piso, por lo que mi humor no era el mejor. Agreguemos que no teníamos desmaquillante, así que no quiero pensar lo que era mi cara. Agreguemos que no me había dado el tiempo de lavarme el pelo y que hacían 40 grados a la sombra... Día complicado.
Llegamos al evento con los chicos, uno de ellos el hijo del líder del sector, muy conocido. Llegamos tarde, y bajo la mirada de toda la reunión, nos sentamos en el piso. Ahí fue cuando lo ví. Mejor dicho: vi una silla vacía y, cuando me iba a ir a sentar, lo vi sentándose. Lo odié mucho, ya que estaba con una pollera de jean que complicaba sentarse en el piso.
Terminada la reunión, fuimos a comer con mis amigos. Después de terminar, uno se demoró, por lo que fui a saludar a unos amigos sentados al otro lado del restaurant. Cuando voy a saludar, lo veo. El ladrón de sillas.
Solo que visto de frente, no estaba mal... Rubio, ojos claros, barba (eso no me llamaba mucho), bien vestido... Y mirándome con una sonrisa divertida. No le presté mucha atención, ya que estaba charlando con amigos, pero me hizo un par de comentarios molestos.
Al llegar a casa, me seguía acordando de esos comentarios. Facebook, fotos de evento, lo encontré, lo agregué. A los días me acepta y me pregunta quien era. Empezamos a charlar y me pareció muy divertido, y de ese estilo que saben pelear, que no te dejan ganar una... Y ahí yo pierdo.
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