Chicas
Hoy descubrí una de esas sensaciones que siempre me intrigaron, pero sabía que era mejor no conocer.
Es como Papa Noel: sospechás que hay algo que no conoces, pero que es mejor no saber.
Por primera vez, supe lo que es tener el corazón roto. Entendí de que se trata y por qué ese nombre.
Es una sensación espantosa en el pecho, como que algo no está funcionando bien. Una angustia que te ocupa todo el pecho, que no habías sentido nunca, y que te va sacando el aire de a poquito. Podés respirar, pero no se siente bien. Duele.
A todo esto, de a poco vas entendiendo que es lo que te pasa: algo te afectó mucho. Racionalmente, entendés que no estás enferma. Pero duele. Duele y duele y no hay forma de que pare esa opresión en el pecho.
A la vez, hay algo en tu interior que te da ganas de llorar. No un llanto femenino y delicado. Un llanto de lobo aullando a la luna. Ese llanto-grito que te saca el dolor. Pero no podés vocalizarlo.
Y de a poco, sentís que te quebrás. Se quiebra algo adentro, se quiebra como vidrio.
Cuando pasa, queda un dolor sordo en el pecho.
Con razón le dedican tantas películas: un evento así es algo memorable.
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