martes, 4 de diciembre de 2012

unaDeTodas - El Viejito Lindo Parte III

Chicas

Perdón la demora, días medio tristes, las cosas están complicadas en el presente, mejor no revolver el pasado.

¿Dónde estábamos? Ah, si, en que me dijo de hacer algo. Y veremos.

Llegué a casa y me llama Juan, a decirme de todo. Lo dejé hablar un rato y cuando terminó le pregunté:
- ¿Terminaste?
- Si, pero...
- Chau - y corté. Nunca fui de histeriquear, pero no estaba de humor para su pseudoamor telefónico. No loco, no funciona así. Me encanta mi celular, pero ¿tener una relación con él? Paso.

Me fui a dormir, enojada con Juan y enternecida por el viejito. Re buena onda, divertido, pero había demostrado que podía ser tierno y tener onda. Me gustó.

Día siguiente, lunes. Mientras me ponía la pollera del uniforme me sentí una nena. Me reía sola por lo bajo, pasé de peleadora el domingo a estudiante responsable el lunes.

El día pasó sin muchos eventos trascendentes, algún que otro mensaje de Juan, que eran cosa cotidiana, pero no le dí bola. No estaba de humor.

Llegué a casa y tenía una nueva solicitud de messenger. Si, messenger. Que vieja que soy. Obviamente: el viejito lindo. Lo agregué y, como estaba en el trabajo, estaba conectado. Nos reímos mucho, siempre con esas peleítas ácidas.

Así pasaron lunes, martes. El miércoles no, porque es su día libre. Jueves y viernes, al igual que los primeros días de la semana, con charlas eternas, interrumpidas de a ratos por su trabajo y mi estudio.

El sábado yo estuve libre, adelantando entregas, con la compañía del muchacho, que también trabajaba los fines de semana.

El domingo, salía antes del trabajo, me dijo de ir a charlar un rato.

Fuimos a la Plaza Virgilio. Él llevó su inseparable mate, yo un tupper de brownies. Tomé dos mates y me sentía hiperactiva, ya que nunca tomo. Encima yerba Canarias... Al borde de los temblores.

Al lado nuestro, dos muchachos con guitarras y cantando. Cantaban muy lindo, y nosotros los aplaudíamos cada tanto. Mientras caía el sol y el cielo cambiaba de colores y nosotros seguíamos hablando.

Cayeron unas gotas, así que entramos al auto y seguimos charlando. ¿Opinión personal? Eviten los espacios cerrados y/o demasiado privados. Generan una corriente... diferente. Me agarraba la mano, me hacía mimos... Y cuando me abrazó, le pedí por favor que no me diera un beso. Y se comportó.

Sin embargo, el problema era yo. Con cero experiencia, no sabía que existen ciertas cosas que afectan a los hombres. Por ejemplo, los mimos en los brazos. Las miradas fijas y largas a los ojos. Morderse los labios. Cosas que yo creía inocentes y que hacía, un poco de nerviosa, un poco de no saber que hacer, pero que poco a poco lo fueron afectando.

Me tomaba el pelo, deseando que llegara mi cumpleaños, ya que le mataba que fuera menor. Lo miré, seca, y le dije:
- Mirá que de un día para el otro no voy a madurar, ni voy a cambiar lo que opino.
- No es por eso. Pero sos MENOR. ¡Imaginate la cara de mi madre!
- Pff, imaginate la de mi padre - retruqué yo.

Me dejó en casa de noche, más confundidos que antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario