domingo, 24 de marzo de 2013

unaDeTodas - El químico Parte I

Para quienes no saben, además de bloguera, soy twittera. No escribo mucho, pero lo uso para despotricar de la vida. Es más barato que un psicólogo, y lo puedo hacer en el ómnibus rumbo a la facultad.

Un miércoles de noviembre 2011, preparando el teórico de un parcial de álgebra  me puse a leer los tweets de la gente a la que sigo. En particular, un amigo retwitteó un tweet de uno de sus amigos. Para los que no dominan twitter, "retwittear" es como "compartir" en facebook; le mostrás a todos tus seguidores una publicación ajena. En este caso, era un muchacho que se quejaba de tener un parcial y un trabajo en el mismo día. Le respondí que peor era tener parcial de noche, saber que vas a tener resultados desastrosos y que encima, haya paro de ómnibus. Me respondió y comenzamos con idas y vueltas. En lugar de hacerlo público, fue por mensajes privados.

Nos divertimos mucho, y me deseó suerte en el parcial.

Al llegar a facultad, agarré a una de mis mejores amigas, que sabia que era amiga de la hermana de este chico, y le pedí información. "Muy inteligente, pero petiso, tiene novia", fue la respuesta. Tuve el parcial (en el que obtuve un 12, nota máxima... ¡Buena influencia el pibe!) y al llegar a casa tenía mensajes de él. Nos agregamos a Facebook y charlamos. Intercambiamos números y nos mandamos mensajes el jueves y viernes.

El viernes de tarde junté coraje y le dije que me embolaba conocer tanto a alguien por Facebook, si quería ir a comer algo, no con fines románticos, sino como amigos. Aceptó.

En mi casa dije que íbamos a comer con unos amigos y fui hasta Arocena (una calle que tiene muchos locales y lugares para comer cerca de donde vivo). Recordando que mi amiga me había dicho que era bajito, me puse sandalias bien chatas. Elegí un jean blanco y una remerita sencilla, pero con encaje a los costados del cuerpo, para darle un poco de gracia.

Cuando llegué y lo vi, me dije a mi misma: "no está nada mal, eh...". 1.70 m (o menos), complexión de rugbier, bien rubio y ojos de un celeste increíble. El color de ojos siempre ha sido mi debilidad, quizás porque siempre miro a los ojos a la gente, así que no estaba nada decepcionada. Nos sentamos en La Pasiva y pedimos muzzarellas y fainá.

Hablamos de todo un poco, y no parecíamos desconocidos. Por el contrario. Además tenía conocimientos de muchísimas áreas, por lo que fue interesante.

Después de cenar, salimos a caminar, bajando hasta la Rambla. Charlamos de cada uno, de las familias, las facultades, las dificultades de congeniar carreras exigentes con la vida social... Nos llevamos muy bien muy rápido.

A eso de las dos de la madrugada, lo acompañe a la parada. Esperamos hora y media a un ómnibus que nunca pasó, hasta que me decidí a tomarme un taxi, llevarlo hasta una terminal más grande y luego irme a casa.

En el taxi, casi sin darme cuenta, me apoyé sobre su hombro. No parecía muy cómodo, pero enseguida me abrazó. Fue un momento diferente, ya que hasta esa altura habíamos actuado como dos amigos.

Cuando llegué a casa, me cambié y esperé a que llegara a la casa para dormirme. Cuando le expliqué que no me dormía si no estaba segura de que mis amigas o amigos hubieran llegado bien, se enterneció y me confesó que tenía muchas ganas de seguir conociéndome. ¿Dudan que yo no?

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